Vamos a tomar un café en Caracas


por Carlos Fariello

La situación económica del país caribeño es bien conocida. El gobierno del presidente Maduro ha entrado en una espiral de desaciertos en lo político y también en lo relacionado con la economía.

Venezuela pasó, en pocos años, del festejo embriagante por las reformas de Chávez a un estado de desconcierto y miseria, desabastecimiento, ruptura de las reglas del juego democrático de las instituciones, cuando no el atropello liso y llano de éstas.

En este marco de acuciante deterioro de la vida del país en casi todas las esferas de actividades, el otrora productor y exportador de petróleo más importante de América Latina se ve hoy de rodillas ante una situación que tiene componentes locales e internacionales.

Con un 40.000% de inflación es muy difícil sobrevivir, como lo es también buscando enemigos y conspiradores hasta en la borra del café.

A eso iba, tomarse un café, por ejemplo en una bar de Caracas supone una erogación del orden de un millón de bolívares. Si, leyó bien. Esto significa pagarle al mozo con un montón grande de billetes.

Piénsese en otras cosas menos “suntuarias” que un café para la empobrecida población, por ejemplo los alimentos básicos y otros artículos esenciales para alcanzar un nivel de sobrevivencia.

Con un dólar americano que cotiza respecto del bolívar con una cantidad de cifras, todas significativas vaya si lo serán, la vida de los venezolanos se convierte en una pesadilla sin fin.

Con 248.550 bolívares compramos un dólar en el mercado legal, en otros tendrá quizás un valor menor.

Por eso, la invitación del café la dejamos para otro momento cuando soplen otros vientos en la tierra del Libertador Bolívar cuyo nombre, vaya paradoja para el régimen que gobierna la República Bolivariana, se escribe con minúscula en la jerga del mercado de divisas.

Imagen: reproducción del billete nuevo de 50 bolívares con la efigie del Mariscal Antonio José de Sucre.

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