La fiesta es una fiesta
Los gobiernos
departamentales del interior del país han funcionado siguiendo un esquema que
los aleja poco, en líneas generales, de la forma de hacer política que se ha practicado
en este medio donde los valores de la gente son muchas veces funcionales, más a
las ambiciones de los políticos que a sus propias necesidades, que se
reproducen en el tiempo siempre insatisfechas.
La figura del clientelismo aggiornada hoy por favores que hacen a
nuevas modalidades de dar “algo” a cambio del apoyo político y del voto, sigue
vigente y opera sobre cualquier contexto, dentro de casi todo el espectro
político, y en todas las direcciones geográficas.
Desde las chapas para el
techo, los ladrillos y la bolsa de portland, a la agilización de un trámite,
todo se ajusta a esta ecuación donde “qué necesita vecino?” o “lo tuyo ya sale”
se igualan a la adhesión política cada cinco años, adhesión que cotiza y bien,
pues se trasmite de generación en generación como un ADN que toma los datos de
una tradición que se resiste a sucumbir ante nuevas formas de socialización en
tiempos de bonanza o de crisis, tanto da.
Esto explica muchas veces lo
inexplicable, y eso inexplicable es la causa de muchas experiencias que se
repiten con la reelección de tal o cual intendente, alcalde, edil, etc.
Hoy, utilizando todos los
medios disponibles a su alcance, los caudillos y caudillitos y sus cónsules y
procónsules, siguen actuando como prestidigitadores del destino de los demás a
cuenta de su fama y de su imagen que volverán pronto acompañadas de jingles y
pasacalles.
Difícil para la sociología
hacer el esfuerzo de lograr encajar esta visión, a veces bastante surrealista,
con la realidad.
Luego siempre cierra igual,
la zorra rica al rosal, la zorra pobre al portal y las tristezas a dormir como en la canción de
Serrat.
Ah, de las cosas que no se
hacen bien, hablaremos en otro momento…
Carlos Fariello
Las realidades departamentales como desafíos
Cada departamento del
interior vive una realidad propia con problemas, de carácter regional, que
debieran tratarse en forma colectiva pero muchas veces quedan en manos de los
gobiernos y sus responsables con poca o reducida capacidad para solucionarlos
en tiempo y forma.
La administración central
aporta a los presupuestos municipales fondos en un volumen interesante en
monetario pero cada intendencia agrega lo que su creatividad y sus medios le
permiten para hacer frente a erogaciones y obras que muchas veces no pueden
esperar.
En una situación marcada
por una economía que tiende a contraerse, y frente a un orden mundial
globalizado, las inversiones desde el exterior se demoran, y las previsiones
realizadas en tiempo de bonanza y de vientos benignos, pautan un período de
incertidumbres varias que es necesario poder ordenar en vista a su inmediatez o
no sobre el horizonte.
La diversificación de las
necesidades y su atención, sobre todo las relacionadas con lo socio-económico
(alimentación, vivienda, vestimenta, salud, educación, etc.) generan nuevos
ítems en los presupuestos que deben tener prioridad pero que compiten con otros
gastos e inversiones que las intendencias tienen, relacionados con estructura y
servicios generales para toda la población.
Muchas veces la inmediatez
asalta todo proyecto sustentado por las mejores intenciones pero los desafíos
son eso, situaciones impuestas para ser resueltas a veces mediante estrategias
que nunca fueron consideradas.
Carlos Fariello
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