El molino de los Filippini

por Carlos Fariello Gamarra


Cuenta la historia, que en la segunda mitad del siglo XIX un inmigrante lombardo se aventuró a cruzar el océano en busca de un nuevo futuro, o quizás de la tierra prometida.
En 1868 arriba un contingente de italianos procedentes de varios lugares de la península, un grupo de éstos se afincará en Durazno donde ya, des-de 1850, varios de sus paisanos poblaban la zona de chacras y huertas alrededor de la ciudad que lentamente crecía a orillas del río Yí.
Carlos Filippini Grisetti formará familia y acompañará con su hacer y su vivir la historia de este solar.

Primero, un horno de barro en su casa, la fabricación del pan y su venta puerta por puerta a lo largo y ancho de la ciudad. Luego, un segundo horno, luego una carretilla para el reparto, después un carro tirado por caballos, y finalmente la creación de una importante empresa. Empresa forjada desde el sacrificio, personal y familiar, acompañado por su espo-sa Eduviges Rossi, también inmigrante.
Las horneadas se sucederán por años hasta convertirse en una indus-tria—quizá la principal del medio—hasta la primera mitad del siglo XX. El molino de los Filippini (1910)fue referente comercial de la región cen-tro del país, e incluso fuera de fronteras, alcanzado el mercado brasileño.

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