por Carlos Fariello
Una fila de coches,
encabezada por un Studebaker de color
negro, no más de cuatro – según testigos -, avanzaba por la calle Manuel Oribe
hacia el centro de la ciudad, proveniente de Montevideo.
De pronto es advertida que no se podría ingresar a
la calle principal, 18 de Julio, pues había una concentración de gente a la
salida del Teatro Español donde se había realizado un acto cívico contra la
violencia generada por los acontecimientos mundiales de entonces.
Estamos en junio de 1941, y
en Durazno mucha gente se había sensibilizado ante la barbarie de la guerra y
sus consecuencias.
La caravana cambió su ruta y
tomó por calle Rivera desplazándose hasta Lavalleja, y tomando por ésta hacia
el norte.
El destino era la casa de
Carlos Morgantti, donde se desarrollaría un almuerzo para recabar fondos en
apoyo a la Cruz Roja Italiana. Esa era la fachada de una acción promovida por
el diputado colorado, adherente a la ideología nacional-socialista, Alejandro
Kayel.
Se conocen datos de la
concurrencia de unos doscientos fascistas, presididos por el
jefe del Partido Fascista en Uruguay, el presidente de la Scuola Italiana, el
presidente de la Asociación de Combatientes de Montevideo, el presidente del
Circolo Italiano, de Montevideo y miembros de la "Agrupación de ciudadanos uruguayos
descendientes de italianos y amigos de Italia”, a la cual adherían unos cuantos
duraznenses.
Kayel que además dirigía un
periódico de corte fascista titulado “Libertad” había promovido ese acto que
tendría derivaciones desconocidas, entre ellas su futuro desafuero del Parlamento
seguido de su expulsión.
La gente que salía del
teatro se enteró de que la caravana de los fascistas había tomado por calle
Lavalleja y se dirigió hacia ésta para manifestar su repudio.
En un primer momento la cosa
no pasó de gritos a favor de la democracia y la libertad, contestados por
quienes iban a bordo de los coches, pero luego se generó una violenta pedrea
con la intención de que la comitiva detuviera su marcha.
En un momento determinado se
escuchan disparos de revólver provenientes del interior de algunos automóviles
que intentaban avanzar lo que genera pánico y una aún más exacerbada reacción
del público.
Frente al Hotel Español, en
la esquina de Ituzaingó cae herido mortalmente un inocente ciudadano de nombre
Gregorio Morales, y se suman varios heridos, cerca de una decena.
La actuación policial se
hizo esperar mientras los coches avanzaron e ingresaron por el portón de la
casa de Morgantti por calle Lavalleja, unos metros más adelante del citado
hotel.
El episodio generó un estado de conmoción que a los días alcanzó a todo el país.
Conmoción y repudio ante un
hecho que marcó, entre los duraznenses, la incidencia de un conflicto bélico
que parecía alejado de la realidad local de entonces.
La justicia decretó la prisión
de Carlos Morgantti y de varios descendientes de italianos afincados en esta
ciudad.
La figura del Duce
Mussolini, que había calado hondo en los tanos del lugar, concitó adhesiones y enfrentamientos que se saldaron
ese domingo 29 de junio de manera trágica.

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